MIRADAS CONSTITUCIONALES

ANÁLISIS – “Nobody said it was easy”

Santiago, 12 julio 2021

La primera semana fue difícil, la segunda no será distinta. Mientras no exista un reglamento que defina su forma de funcionamiento la Convención seguirá tensionada y cuestionada por las distintas voluntades que conviven en ella. Voluntades que representan la pluralidad de nuestro espacio público, y que por lo tanto hacen carne la dimensión agonal de la política. Esto, en tanto el inicio del órgano constituyente ha estado marcado por el conflicto y los disensos.

Ahora bien, reconocer posiciones antagónicas es propio de la democracia. Hasta ahí, todo bien. No obstante, hay que tener cuidado con que el espacio que por naturaleza está llamado a prescindir de las pasiones, sea gobernado por ellas, de manera tal que se presente una lógica hegemónica de un solo sector político-ideológico. En este sentido, más allá de lo progresistas o conservadores que podamos ser, es necesario que todas las miradas y visiones de mundo puedan ser representadas en el trabajo de la Convención, cuestión que la mesa que conduce el órgano a ratos lo olvida.

Haciendo doble clic a lo anterior, lo preocupante es que aquellos que son minoría no solo se saben de esa manera, sino que también lo sienten. En consecuencia, podría instalarse en la Convención una espiral del silencio, que invisibilice a un grupo importante de la sociedad, lo que sería perjudicial para el objetivo que se persigue. El error de ese grupo sería que traslade a otros espacios institucionales, tales como la Corte Suprema o el mismo Congreso sus aspiraciones, sin dar una disputa al interior de la Convención. Para lograr 

un punto de encuentro se necesita también que otras fuerzas moderadas honren el compromiso por el cual un porcentaje de los votantes los eligió y no caigan en el facilismo, al sumarse sin más a las posiciones más radicales.

Con base en lo anterior, y siguiendo la literatura comparada en la temática, estamos sumidos en lo que se conoce como la “paradoja de Elster”, haciendo referencia al filósofo noruego, que consiste en que para hacer una buena Constitución se requiere necesariamente diálogo, colaboración, y deliberar acerca del bien común y la comunidad futura que se quiere construir. No obstante, se debe evitar la trampa que aparece en los procesos constituyentes como consecuencia de su origen, que es la fricción y la tensión, ya que el diseño institucional sucumbe y termina por no responder al momento actual de la sociedad. Es decir, se agotan los rendimientos de lo antiguo para dar paso a lo nuevo, esto acompañado necesariamente de una generación que ingresa al espacio público con protagonismo.

De esta manera, es natural que la Convención discuta las distintas variables que hicieron posible la existencia de ese espacio de deliberación. Es natural también que el órgano discuta su pronunciamiento respecto a la situación de los presos de la revuelta social. Lo que no es natural, es que la convivencia en aquel espacio se reduzca a las categorías antagónicas del amigo-enemigo.

Esta semana tendremos un movimiento similar a la anterior, en tanto las reglas de funcionamiento recién comienzan a definirse. El desafío que tiene la mesa liderada por Elisa Loncón y secundada por Jaime Bassa está en ofrecer garantías a todas las fuerzas políticas que conviven la Convención, de manera tal que se proceda a un debate fluido y, por supuesto, con respeto al disenso, el mismo que es necesario para profundizar nuestra democracia.

Lo más importante será no descuidar la expectativa ciudadana, porque si bien la esperanza de aquellos que se movilizaron en masa por el Apruebo aún sigue intacta, el riesgo moral de que la Convención se convierta en una apología de la política “tradicional” (todo lo que aparentemente no se quiere) es alto. La primera semana nos dejó un sabor agrío, sin embargo, queda trabajo y queda camino por recorrer en el anhelo de construir un mejor país, uno menos desigual para todos y todas. Nadie dijo que fuera fácil.